lunes, 3 de noviembre de 2008

Un sitio tradicional en la calle Buenos Aires de Viedma



Tres generaciones de habitantes de la capital rionegrina han sido y siguen siendo clientes incondicionales de Casa López, muchos de ellos con el sistema de “casillero”, donde se acopian los diarios y revistas previamente reservados, para pagarlos una vez por mes.
La firma fundada por don Guillermo López abrió sus puertas formalmente el primero de enero de 1947, aunque el local (frente a plaza Alsina) ya estaba en funcionamiento desde el Día de los Santos Inocentes, el 28 de diciembre de 1946.
Celia López, la mayor de sus hijas, mucho más conocida como “Tita”, le contó al cronista detalles de la historia familiar y del comercio. “Papá era bahiense de nacimiento, de jovencito aprendió el oficio de mozo y buscando trabajo se trasladó a Coronel Dorrego, allí conoció a una muchacha española, Celia Fuertes, nacida en la provincia de León, que había llegado al país con apenas 16 años, se enamoraron y se casaron en 1935”.
Después de diez años de matrimonio, ya con sus dos hijas “Tita” y Lidia, la pareja decidió intentar fortuna más al sur y llegaron a Viedma en 1945, donde Guillermo tomó la concesión del bar y restaurante del club Social, en calle Roca.
La familia se instaló en el mismo edificio del club pero al tiempo don Guillermo pensó en otra actividad, con independencia de desenvolvimiento económico.
Hacia fines de 1946 en la calle Buenos Aires de Viedma ya funcionaban los kioscos de diarios, revistas, golosinas y todo lo demás de Lázaro Fresán (a mitad de cuadra entre Saavedra y Colón) y el de García (en la esquina con Saavedra).
López alquiló la casa de Buenos Aires 326, contigua a la Escuela Normal Mixta de Viedma (hoy sede de algunas dependencias municipales), justo enfrente de la muy arbolada y coqueta plaza Alsina. Un garage que daba a la vereda se convirtió en el local comercial y en los fondos se ubicó la familia.
Una mentalidad de servicio
Tita destaca que “Papá puso su comercio con una verdadera mentalidad de servicio a la gente, por eso incorporó la venta de los pasajes de la empresa de colectivos La Puntual en sus viajes a Bahía Blanca, e incluso como no había terminal de ómnibus los micros paraban en la puerta de casa”.
“Nuestro negocio tuvo teléfono desde un principio y la gente llamaba a casa para pedir un taxi, o coche de alquiler como se le decía entonces, alguna de nosotras corría a la calle para avisarle al chofer de turno que estacionaba en la vereda de la plaza, justo enfrente”, agregó.
También en Casa López se anotaban los pedidos para el comisionista Jerónimo Ríos que tres veces por semana viajaba a Bahía Blanca y hacía todo tipo de gestiones o compras.
En aquellos primeros años de la década del ’50 escuchar radio no era una tarea sencilla ni estaba al alcance de todos, porque había que tener un buen radiorreceptor, a veces con antena en el techo, para poder captar las transmisiones desde Bahía o Buenos Aires.
López tenía una buena radio y los domingos a la tarde captaba las emisiones futboleras desde la Capital Federal, lo que le permitía anotar los resultados del fúbol grande de la AFA y las novedades en la tabla de posiciones en una pizarra que tenía colocada en la puerta del local.
El diario “La Nueva Provincia” y los principales matutinos porteños llegaban cada dos días, de acuerdo con las frecuencias ferroviarias, al igual que las revistas tan populares en esa época (“Billiken”, “El Gráfico”, “Para Ti”, “Patoruzito”, “Antena”, “Radiolandia”, “Vosotras”, “Rico Tipo”, “El Hogar” y otras) lo que hacía necesario que los clientes efectuaran sus reservas con anticipación. Así fue que don Guillermo inventó el sistema de casilleros, para sus más fieles compradores.
La amabilidad de don Guillermo y su esposa e hijas, después también Héctor Cévoli (esposo de Lidia), marcaron un estilo. Casa López se convirtió así no sólo en el sitio preferido para comprar literatura informativa o recreativa de muchos viedmenses (y también algunos maragatos, hay que decirlo) sino en un lugar de encuentro, en la tradicional salida de la “vuelta al perro”.
La mudanza al moderno y amplio local
En 1971 don Guillermo y su familia emprendieron la construcción de un nuevo, más amplio y moderno local, sobre la misma calle Buenos Aires, entre Belgrano y Saavedra. La inauguración de la nueva casa, con un salón comercial a la calle y la vivienda familiar en planta alta, se produjo el 19 de diciembre de ese mismo año, poco antes del aniversario de las Bodas de Plata de la firma.
Una de las novedades del flamante local fue un gigantesco letrero luminoso, y también la incorporación del popular juego de Pronósticos Deportivos (PRODE) para el que la gente hacía cola en la calle.
Primero falleció doña Celia, pero don Guillermo siguió al frente del negocio hasta su propia muerte, el 12 de octubre de 1984; desde entonces lo manejan sus hijas y su yerno, siempre con estilo.